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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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UNA MANO AYUDADORA - primera parte 



Slava le ofreció ayuda a una vecina, encontró 
una nueva amiga, y le habló del Señor. 



DATOS DE INTERÉS 

<•* Los niños pueden ser 
misioneros de muchas 
maneras. Slava hizo amis- 
tad con la única persona 
que encontró, una mujer 
mayor. Mientras le ayuda- 
ba a acarrear ladrillos, le 
pudo hablar acerca de 
Dios. 

<•* Podemos amistarnos 
con otros para enseñarles 
quién es Jesús de muchas 
otras formas. Podemos 
recoger la basura de algún 
vecino, que haya sido 
arrastrada por el viento. 
Tal vez podríamos jugar 
con la mascota de algún 
anciano. Jesús se pone 
feliz de que compartamos 
el amor de Dios con nues- 
tras nuevas amistades. 



Slava se sentía muy solo. Él, junto con su fami- 
lia, recién se habían mudado a esa ciudad, y aun 
no había hecho amistades. La mayor parte de los 
niños ya estaban en el colegio, pero Slava era 
demasiado joven para entrar a clases. 

Slava se quedaba en el portón de su casa obser- 
vando a la gente pasar. El deseaba tener a alguien 
con quien jugar, pero no veía a nadie que quisie- 
ra tener un amigo. 

Una nueva amistad 

Le llamó la atención un ruido que rechinaba y 
parecía arrastrarse por la calle. 

«¿Qué es ese ruido?» se preguntó. 

De pronto la vio. Era una carretilla con llanta 
de acero empujada por una viejita arrugada, con 
pelo esponjado y canoso. 

Slava abrió el portón y corrió hacia donde esta- 
ba la señora. 

— ¿Para dónde vas, y por qué llevas esta carre- 
tilla? — le preguntó — . La mujer dejó de empujar 
la carretilla y le sonrió al niño. 

— Voy por unos ladrillos para llevarlos a mi 
casa — dijo la viejita. 

— ¿Le puedo ayudar? — le preguntó Slava, 
con los ojos llenos de entusiasmo por la idea de 
tener un poco de aventura. Antes que la mujer 



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le pudiera contestar, el niño ya estaba 
al lado de ella y agarrado de la carre- 
tilla. 

Cuando llegaron al montón de ladri- 
llos cerca de su casa, la señora empezó 
a colocarlos dentro de la carretilla. 
Slava metió un ladrillo con mucho cui- 
dado de no maltratarlo. Mientras los 
dos recogían ladrillos la mujer le pre- 
guntó: 

— ¿Cómo te llamas? 

— Yo soy Slava — dijo el niño sin 
detenerse — , ¿y usted cómo se llama? 

Babushka Masha 

— Me puedes llamar Babushka 
Masha — le contestó — ; ¿este trabajo 
no se te hace demasiado difícil? 

— No — le contestó Slava — , yo soy 
fuerte. 

— ¿Quién te enseñó a trabajar tan 
bien? — le preguntó Babushka Masha, 
mientras metía otro ladrillo junto al de 
Slava. 

— Mis padres me enseñaron — le di- 
jo el niño — , mi mamá lee historias de 
la Biblia. Jesús quiere que ayudemos a 
los demás. 

— Yo asisto a la iglesia — respondió 
la señora — ; pero nunca te había visto. 



— Yo voy todos los sábados, pero 
somos nuevos aquí. Tal vez por eso no 
me habías visto. 

— ¿Sábado? — preguntó la mujer — , 
¿quién asiste a la iglesia en sábado? 

— La Biblia dice que todos debería- 
mos adorar en sábado — dijo Slava. 

La carretilla ya estaba llena y el niño 
le ayudó a Babushka a empujarla de 
regreso a su casa. Mientras organizaban 
los ladrillos en el patio de la señora, 
Slava le fue contando más acerca de su 
iglesia. Después los dos fueron por más 
ladrillos. 

— ¿Usted lee su Biblia? — le pregun- 
tó Slava a su nueva amiga. 

— No, yo no tengo una Biblia — 
Babushka le respondió. 

Slava quedó sorprendido de que su 
amiga no tuviera Biblia. Al regresar a la 
casa de la mujer, Slava se detuvo en el 
portón de su propia casa. 

— Espero que pueda llevar la carreti- 
lla el resto del camino — le dijo el 
niño — , yo tengo que buscar algo. ¡En 
seguida vuelvo! 

Slava entró corriendo a su casa. 

Queridos niños, ¿qué piensan que 
llenó tanto a Slava de emoción? Esto lo 
sabremos la semana que viene. 




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